lunes, 22 de diciembre de 2008

UN TIRANO REALMENTE EXTRAÑO

Un muchacho en pleno uso de razón
escuchó los más variados comentarios acerca de un tirano.
Otras personas, periódicos, canales y emisoras le hablaban
de un dictador que permitía las ofensas,
de un autócrata que no quemaba libros sino que los leía,
de un sátrapa que no enviaba a la cárcel por las ideas,
de un prehistórico que hacía avanzar la historia,
de un ignorante que entregaba sabiduría,
de un retrógrado
que no rechazaba elecciones sino que las ganaba,
de un ambicioso que no tenía casa propia,
de un avaro que regalaba su sueldo,
de un señor feudal que repartía la tierra,
de un absolutista que entregaba el poder a los humildes.
Y el muchacho veía
que ese hombre estrechaba las manos de otros hombres,
que los niños lo llamaban por su nombre,
que las mujeres le enviaban los más jóvenes besos,
que el egoísta trabajaba por el pueblo, con el pueblo y para el pueblo.
Y el muchacho pensó: -O me están llamando a engaño
o se trata de un tirano realmente extraño.

FERNANADO LAMBERG, DICIEMBRE DE 2008