viernes, 9 de enero de 2009

UN MENDIGO EN EL VATICANO

Un mendigo logró entrar al vaticano
con la obsesión de pedir limosna al Papa.
El mendigo tenía su historia,
había sido sacerdote en Centroamérica,
detenido y torturado por una dictadura,
expulsado del país,
vagabundo por el mundo
mientras la luz de su razón se extinguía.
Llegó a la Plaza de San Pedro un domingo en la mañana
cuando los fieles esperaban las palabras del pontífice.
Su aspecto y sus gritos espantaron a los presentes.
Un turista aterrado lo golpeó con una cámara.
El mendigo cayó azotando su cráneo contra el suelo.
Una rápida cuadrilla lo sacó del lugar
antes de que alguna agencia internacional
propalase noticias negativas.
El mendigo no era igual
al nazareno de las serenas parábolas
ni al convidado que cambió el agua en vino
ni al que sacó los mercaderes del templo
mientras otros mercaderes se reunían en otros templos.
Era diferente
al niño que asombró a los doctores con su sabiduría,
distinto del niño que recibió los regalos de los reyes magos.
Sólo se parecía al que murió con los clavos en la cruz
en que también tenía los pies descalzos.

FERNANDO LAMBERG, ENERO DE 2009