lunes, 18 de agosto de 2008

HINCHA DEPORTIVO


Tu entusiasmo mueve los estadios.
Tu fe levanta las gradas
y en el transcurso del espectáculo
son tus gritos, tus hurrahs, tus aplausos
los que encienden la llama.
Y detrás de esto mueve sus obscuras garras el dinero.
Monedas y monedas ruedan sobre la pista,
billetes y billetes vuelan sobre la cancha.
Cae la lluvia de oro
sobre los dueños, los astros, los patrocinantes,
los anunciantes, los fabricantes,
los medios de comunicación,
los vendedores de recuerdos, los vendedores de cerveza;
sobre todos cae el dinero
menos sobre tí,
hincha que con tus banderas animas la acción,
que con tus bravos y tus vivas
iluminas la escena
y además pagas por la entrada
y estarías dispuesto a entregar hasta el último centavo
por una medalla para tu club, por un laurel para tu equipo
mientras junto a ti se mueven las obscuras palancas del comercio
y se desliza la codiciosa serpiente del negocio
en que tú, abnegado, decidido y entusiasta fanático,
eres el verdadero y el excluido motor de los sucesos;
pero a ti no te importa
soportar el sol o la lluvia en las gradas
porque el triunfo de tu equipo es tu triunfo
y aunque tengas que volver caminando
varios kilómetros para llegar a casa
nadie apaga la llama olímpica que tú guardas.