martes, 24 de febrero de 2009

NACIDA EN CAUTIVERIO; NACIDA EN LIBERTAD


Obra Teatral de

FERNANDO LAMBERG:

NACIDA EN CAUTIVERIO;

NACIDA EN LIBERTAD


PERSONAJES:

1.- MAGDA

2.- MARJORIE

3.- AIDA

4.- JAIME

5.- SERGIO

6.- REBECA

LA ACCIÓN SE DESARROLLA EN UNA CIUDAD HISPANOAMERICANA

A FINES DEL SIGLO XX.


PRIMER ACTO:

  • EL ESCENARIO PRESENTA UN LIVING ROOM AMPLIO Y LUMINOSO, MAS CÓMODO QUE ELEGANTE.

  • SE VE PARTE DE UNA ESCALERA QUE LLEVA A LA PLANTA ALTA. PUERTAS A LA IZQUIERDA Y A LA DERECHA. LA IZQUIERDA COMUNICA CON UN PASILLO QUE VA AL PORCHE DE ENTRADA. LA DERECHA CON UN PASILLO QUE LLEVA HACIA PIEZAS INTERIORES. UN ESTANTE LICORERA CON LIBROS Y CERÁMICAS. SOBRE UNA MESITA HAY UN TELÉFONO. SOBRE UNA MESA BAJA DE GRAN TAMAÑO SE DESTACA LA ESTATUA METÁLICA DE LA JUSTICIA. EN LAS MURALLAS ALGUNOS PAISAJES.

  • SON HORAS AVANZADAS DE LA TARDE.

  • MAGDA SE ENCUENTRA EN ESCENA REVISANDO UN LIBRO Y UNOS APUNTES. ES UNA MUCHACHA UNIVERSITARIA DE ASPECTO DECIDIDO. ENTRA REBECA. TAMBIÉN ES UNA PERSONA JOVEN.

REBECA: Señorita Magda, ¿quiere algún refresco?

MAGDA: No. Gracias, Rebeca. Hace rato espero a esa persona de la cual te hablé.

REBECA: ¿La señora que la llama por teléfono?

MAGDA: Sí. Ella.

REBECA: Usted no sabe quién es.

MAGDA: No la conozco; pero podría reconocer su voz. Hace días que me está llamando.

REBECA: Usted no ha podido saber de quién se trata.

MAGDA: Ella insiste en que desea hablar conmigo a solas. Tiene una voz cansada, a no ser que finja esa voz. Me parece que es una mu­jer de edad. Comienza hablándome en forma tranquila; pero luego noto cierta ansiedad.

REBECA: ¿No será una persona peligrosa?

MAGDA: No tengo esa impresión. Cierto que nunca puede saberse. Por eso no he querido encontrarme con ella en un lugar público. Sólo aquí en la casa.

REBECA: Usted aprovechó el día de hoy. Don Santiago y la señora Carmen fueron a las bodas de plata de unos amigos. La señorita Marjorie está en la playa con don Jaime.

MAGDA: Quiero hablar tranquilamente con esa mujer.

REBECA: Es extraño. Tengo el presentimiento de que esta visita traerá grandes cambios en su vida.

MAGDA: Rebeca, otra vez con tus presentimientos.

REBECA: Créame, señorita Magda. Durante la dictadura anticipé mu­chos acontecimientos.

MAGDA: ¿Qué anticipaste? ¿Que volvería la democracia?

REBECA: Una noche presentí que un político desterrado moriría en la explosión de su carro. Al otro día la noticia apareció en todos los periódicos. Ahora presiento que esa persona que la llamó varias veces es un familiar muy próximo a usted.

MAGDA: ¿Un familiar muy próximo? Entonces la conocería.

(SUENA UN TIMBRE) Atiende, Rebeca. (MAGDA AGUARDA. VUELVE A ENTRAR REBECA CON UNA MUJER DE EDAD MADURA. ELLA VISTE EN FORMA SENCILLA. MAGDA Y LA RECIÉN LLEGADA SE OBSERVAN) Buenas tardes.

AÍDA: Buenas tardes.

MAGDA: Haga el favor de sentarse. ¿Quiere servirse algo?

AÍDA: No, gracias. (MAGDA INDICA CON UN GESTO A REBECA QUE DEBE RETIRARSE. REBECA SALE) Usted recuerda que la he llamado varias veces por teléfono.

MAGDA: Sí. Reconozco su voz. Pensé que la presencia de mis padres y de mi hermana Marjorie sería un inconveniente para hablar; pero hoy he quedado prácticamente sola. Rebeca es muy discreta y no se acercará.

AÍDA: Quería conversar con usted.

MAGDA: Escuche, Aída. Usted me dijo que se llama Aída, ¿verdad?

AÍDA: Sí. Aída Barreto. Y si no me equivoco su nombre es Magda.

MAGDA: Magda Cifuentes.

AÍDA: (CON CALMA) Magda, he tratado de encontrarla. Y hasta ahora sólo conocí su voz por teléfono. Por fin puedo verla.

MAGDA: Y según parece, me está observando con mucha atención.

AÍDA: Así es. Veo que es usted joven, sana, equilibrada. Vive en un buen hogar. Eso me alegra.

MAGDA: ¿Hay en todo esto un interés particular? ¿Es una encues­ta...una entrevista?

AÍDA: Algo parecido. He visto la paz que la rodea. La felicito. Quería conocerla y conocer su hogar. He logrado ese propósito. Piense que estoy realizando un estudio sobre las formas de vida de la ciu­dad. Trabajo en seguros. Necesito conocer sectores de seguridad y sectores de riesgo. Usted vive en un ambiente de paz. Ahora será mejor que me retire.

MAGDA: No habrá estado llamándome tantas veces sólo para verme unos minutos.

AÍDA: Creo que sí. Y es mejor que nos digamos adiós. Ya nos cono­cimos y cruzamos algunas palabras.

MAGDA: Perdóneme, Aída. Usted insistió en una entrevista. Yo estu­ve de acuerdo. Ahora se va sin decirme a qué vino.

AÍDA: He visto que usted está bien. Que vive bien. No quiero alte­rar ese orden que la rodea.

MAGDA: Algo hay detrás de esa insistencia. Usted quería saber algo.

AÍDA: Es posible. Alguna curiosidad. Una encuesta de la compañía de seguros. (LA OBSERVA CON TRANQUILIDAD). Ahora me voy.

MAGDA: Esto no es tan simple. Usted no puede llamarme tantas ve­ces y luego desaparecer.

AÍDA: Si me voy es porque puedo hacerlo ¿verdad?

MAGDA: (HAY ANGUSTIA EN SU VOZ) Aída, le pido por favor que me diga cuál es su interés. (PAUSA)

AÍDA: Te lo diré si quieres saberlo. No te arrepientas después. Creo que eres mi hija.

MAGDA: (LA OBSERVA CON ANSIEDAD. LUEGO HABLA CALMADAMENTE). Por la edad tal vez; pero mi madre es Carmen.

AÍDA: Entonces no hay problemas. Te dije algo. Tú no lo creíste. Y ahí termina todo.

MAGDA: No, Aída. Esas llamadas me hicieron pensar. He reflexionado mucho estos días. Te confieso algo: nunca estuve totalmente segura de que Carmen fuera mi madre ni de que Marjorie fuera mi hermana.

AÍDA: ¿Por qué?

MAGDA: Los años de la dictadura fueron muy severos. Todo estaba bajo censura. Hasta las canciones. Pero siempre se filtraban rumores, datos sueltos. Se hablaba de matrimonios desaparecidos y de niños adoptados, incluso por los militares.

AÍDA: Comprendo. En esa época no se podía preguntar por la verdad. Y en este gobierno de transición hacia la democracia tampoco se po­drá saber toda la verdad.

MAGDA: Aída, quiero la verdad. Tú puedes decírmela. Espero que lo hagas.

AÍDA: Magda, he sufrido mucho. Ese sufrimiento me ha hecho apreciar todavía más la paz. Tú vives en medio de la paz. No quiero destruir eso.

MAGDA: Para mí es más importante la verdad que la paz. No podré conservar esta paz si vivo en la ignorancia.

AÍDA: Magda, mi pequeña Magda, nunca podrás ser la misma persona después de saber la verdad. Estudias una carrera universitaria: administración. Santiago es un abogado muy prestigioso. Conoció a Carmen cuando ella estudiaba leyes. Se casaron y Carmen abandonó la carrera. Marjorie es tu hermana. Se casará dentro de poco con un empresario llamado Jaime Onzoátegui.

MAGDA: Todo eso que dices ya lo sé. ¿Cuál es entonces la verdad?

AÍDA: No quiero decírtela. Siento que hay en mí amor hacia ti. No quiero alterar tu vida.

MAGDA: Si realmente eres mi madre, no debes ocultarme nada.

AÍDA: Bien. (PAUSA) Durante la dictadura detuvieron a mi compañe­ro. A mí también me detuvieron. Yo había trabajado varios años en la Contraloría General. Simpatizaba con un partido político. Cuando nues­tro candidato ganó las elecciones presidenciales, me ascendieron a un cargo de mucha importancia. Eso me puso en la mira de los militares. Después del golpe, allanaron mi apartamento y me enviaron a una pri­sión llamada Los Castaños. Llegué allí poco antes de Navidad. En febre­ro dos guardianes me violaron. El nombre de uno era Raúl. El nombre del otro, Juan. En marzo 3uan murió en un enfrentamiento. Raúl fue tras­ladado a otra prisión por órdenes superiores. Yo estaba embarazada. No importa quién era tu padre. Después de todo, daba igual.

MAGDA: (TRATA DE NO ALTERARSE) Pero, dime, ¿no trataste de interrumpir ese proceso? ¿Esa vida?

AÍDA: Nos vigilaban. Cada paso nuestro era observado. Y a medida que pasaban los meses, tuve una loca esperanza. La dictadura iba a caer, yo saldría de la prisión y ese hijo nacería en libertad. Sería un hijo solamente mío.

MAGDA: Si soy tu hija, debes recordar algo de mis facciones, una señal especial.

AÍDA: Te tuve en la enfermería de la cárcel. Tal vez te observé; pero no recuerdo ninguno de tus rasgos. A mi lado estaba una mujer que había sido torturada y se hallaba en peligro de muerte. Ella me habló. Me dijo: Tengo dos hijos que han logrado escapar. Si alguna vez logra verlos, dígales que el mal no podrá vencer, que al final triunfará el bien. Dígales también que los bendigo. Le daré una dirección en que podrá comunicarse con ellos. Sé que usted la recordará; pero nunca la entregará a otra persona. Magda, nunca he olvidado esa dirección. En cambio, no recuerdo tu rostro. (PAUSA).

MAGDA: Te liberaron después de algunos años.

AÍDA: Sí. No me reintegraron a la Contraloría; pero me reconocie­ron los años trabajados y obtuve una pequeña jubilación. También me devolvieron el apartamento. Vendo seguros a pequeñas compañías y eso es otro ingreso. (PAUSA) Al comienzo, no quería saber de nada ni de na­die. Con el tiempo encontré a mi antiguo compañero. El siempre fue un hombre valeroso y lo demostró muchas veces; pero al salir de la pri­sión comenzó a beber demasiado. Yo lo comprendo. No lo justifico. A Ve­ces hemos vuelto a vivir juntos unas semanas. Luego él desaparece has­ta que la casualidad vuelve a reunirnos.

MAGDA: Pero tú sigues viviendo.

AÍDA: Es difícil explicarte por qué vivo. Tal vez aguardo un milagro. Tal vez espero que regrese Cristo, o que otro poder sobrenatural haga justicia. (SEÑALA LA ESCULTURA SOBRE LA MESA) Acaso la Justicia sea solamente una escultura como ésa.

MAGDA: También esperabas encontrarme.

AÍDA: En un principio no me importó. Pasaron varios años sin que me importara. Luego encontrarte se convirtió en una obsesión. No podría explicarte por qué. Sé lo que hago; pero no sé por qué lo hago.

MAGDA: Tuviste noticias mías.

AÍDA: Conocí a un coronel. Parecía un hombre tranquilo. Salimos algunas veces. Me dijo que investigaría tu paradero si me acostaba con él.

MAGDA: ¿Te engañó?

AÍDA: Cumplió su promesa. Tú sigues viviendo en la ciudad en que naciste. Eso facilitó la búsqueda. Logré localizarte y comencé a lla­marte por teléfono. Quería conocerte. Ya lo logré. Tú también me cono­ciste. No puedo causarte buena impresión. He sufrido mucho. Pero nadie me apartará de las ideas por las cuales he luchado.

MAGDA: Aída, no sé si eres mi madre. No sé si toda esta historia es verdadera. Supongamos que fuera cierta. Me has visto. Sabes donde vivo. También sabes quienes me adoptaron, suponiendo que sea así. Y sabes quien es mi hermana.

AÍDA: Marjorie Cifuentes.

MAGDA: Exacto. Es dos años mayor que yo. Cuando Carmen la tuvo, sufrió graves problemas, con el parto. (REFLEXIONA) Tal vez no pudo tener más familia y por eso me adoptaron. Querían una compañía para Marjorie. Parece posible. Nunca me han hecho sentir una diferencia entre Marjorie y yo. Si los conocieras, sabrías que Santiago y Car­men son dos personas que cualquiera querría tener por padres.

AÍDA: ¿Cómo son tus relaciones con Marjorie?

MAGDA: Nos apreciamos; pero nunca nos hemos entendido totalmente. Ella tiene otro sentido de la vida. Se casará pronto con Jaime Onzoátegui, el socio mayoritario de la Agroindustrial Saturno.

AÍDA: Lo que se llama un buen partido matrimonial.

MAGDA: El es divorciado. Tuvo un hijo que murió en un accidente de tránsito. Jaime es veinte años mayor que Marjorie; pero ella no se preocupa por eso.

AÍDA: Magda, te repito que no debemos volver a vernos. Si Onzoátegui pensara que tú no eres hermana de Marjorie, eso podría perjudicarla Y a ti también. ¿Para qué arriesgar algo real y seguir una fantasía? Piensa que mis datos son falsos, que te he confundido con otra persona. Y olvida para siempre esta conversación.

MAGDA: La Agroindustrial tiene un servicio de vigilancia y espio­naje muy eficiente. Si Onzoátegui ha querido saber algo sobre mí, ya lo sabe. Y si no soy hermana de Marjorie, tendrá que resignarse a acep­tarme como cuñada y callar lo que sepa.

AÍDA: Onzoátegui puede dudar. Solamente eso.

MAGDA: ¿Cuál es la verdad? Tú me dices que nací en cautiverio. Tal vez esa sea la verdad.

AÍDA: Es difícil saber para qué nacemos. Tal vez para prolongar la vida Tuve una hija. Esa hija eres tú. Ya te conocí. Estás bien. Eso es lo principal. Si te casas y tienes hijos, bésalos en nombre de su abue­la desconocida. Déjame abrazarte. (LA ABRAZA. BESA SUS MEJILLAS). Si existe un dios, agradezco a ese dios haberte encontrado.

MAGDA: Adiós. Aída. (NO INTENTA RETENERLA. AÍDA SALE POR LA PUERTA IZQUIERDA. MAGDA QUEDA SOLA EN ESCENA. PARECE SUMIDA EN SUS PENSAMIEN­TOS. EL ESCENARIO SE VA OBSCURECIENDO. ENTRA MARJORIE. PRENDE LAS LUCES).

MARJORIE: Magda, hermanita. No te quedes en la oscuridad. Perdiste un magnífico día en la playa.

MAGDA: Lo sé, Marjorie; pero tenía que estudiar para esos benditos exámenes. (ENTRA REBECA).

REBECA: Señorita Marjorie, ¿quiere un refresco? ¿Y usted, señorita Magda? (MAGDA SE NIEGA CON UN GESTO)

MARJORIE: Bueno, Rebeca. Limonada. O en todo caso, naranjada.

REBECA: Sí, señorita. (SALE)

MARJORIE: El mar, el mar. ¿Cuántos poemas se habrán escrito sobre el mar?

MAGDA: ¿Cómo se portó Jaime?

MARJORIE: De maravilla. Cada día se comporta mejor. No importan sus canas. Después de todo, le dan mayor atractivo. (ENTRA REBECA CON UN REFRESCO) Gracias, Rebeca. (REBECA SALE) Magda, estamos solas. Podemos conversar un momento. Como dicen los psicólogos, podemos sincerarnos. Y escucha, Magda: sin que sea necesaria la hipnosis.

MAGDA: Marjorie, siempre hemos hablado. Siempre hemos confiado una en otra.

MARJORIE: Sí, Magda. Es muy convencional decir que te quiero; pero es la verdad. Hermanita, no sé cómo habría logrado vivir todos estos años sin ti.

MAGDA: Ahora nos tocará separarnos. Te casarás con Jaime y formarás tu hogar.

MARJORIE: Te confesaré que todo esto me da algo de miedo. Separar­me de Santiago, de Carmen, de ti... Trataré de estar a la altura de mis responsabilidades.

MAGDA: Lo podrás hacer. Y lo quieres hacer.

MARJORIE: Jaime me ofrece cosas que nunca he tenido. No puedo des­perdiciar esta oportunidad.

MAGDA: Tienes toda la razón. Ese es tu camino. Ya te he dicho que tengo una idea diferente: no depender de otra persona.

MARJORIE: A mí me encanta depender de un hombre.

MAGDA: (EN FORMA VAGA) Por suerte lo hallaste. Muchas mujeres quieren depender de un hombre; pero no lo encuentran.

MARJORIE: Magda, ¿qué ocurre contigo? Te noto distinta, hermanita. Como si estuvieses en otro mundo.

MAGDA: Estuve sola todo el día. Tal vez me salí de órbita.

MARJORIE: Es como si hubieras cambiado. ¿Vino alguien?

MAGDA: Sí, una vendedora de seguros. Estuvimos conversando de pó­lizas y plazos.

MARJORIE: ¡Qué aventurera! Imagínate. Tal vez quería asegurar a la Agroindustrial. Es como asegurar un país. Tú sabes que la empresa tiene varias compañías en su cobertura. (SE SIENTE LLEGAR UN CARRO) ¡Magda, hermanita! Por conversar contigo, me olvidé.

MAGDA: (ALARMADA) ¿De qué te olvidaste?

MARJORIE: Jaime nos invitó a cenar al Star Club. Es una semana de la gastronomía y hoy les toca el turno a las perdices. A Jaime le encantan las perdices. Por favor, no digas que no. Recuerda que recha­zaste la invitación a la playa. (ENTRA SERGIO. ES UN HOMBRE JOVEN, CHOFER Y VIGILANTE DE LA AGROINDUSTRIAL)

SERGIO: Permiso. El señor Onzoátegui pregunta si ya están listas para salir. El espera en el carro haciendo algunas llamadas.

MARJORIE: Dile a Jaime que me perdone porque demoraremos algunos minutos. Pídele que pase a tomar algo mientras nos arreglamos. Tú sa­bes donde están los licores. Sírvele algo y entretenlo un rato.

SERGIO: Bien, señorita Marjorie. (MAGDA Y MARJORIE SUBEN A, LA PLANTA ALTA. JAIME SE ACERCA AL ESTANTE LICORERA; PERO ENTRA JAIME)

JAIME: ¿Y las hermanas?

SERGIO: Se están arreglando. Me pidieron que le sirviera algo mientras tanto.

JAIME: Bueno. Dame un whisky con soda y un poco de hielo. (SERGIO SIRVE. JAIME SE ACOMODA EN UN SOFÁ) ¿Dónde está Rebeca?

SERGIO: En la cocina. ¿Quiere que la llame?

JAIME: Al contrario. Que siga lejos. (LO MIRA) Esta tarde Aída estuvo aquí.

SERGIO: ¿La mujer que estuvo presa en Los Castaños?

JAIME: Sí. La misma que violaron dos antiguos vigilantes de la Agroindustrial. Yo había encargado que la vigilaran; pero no creí que se atreviera a venir aquí.

SERGIO: Cuando usted se interesó en la señorita Marjorie, comen­zó a investigar toda la historia de la familia Cifuentes.

JAIME: Sí. Tú me ayudaste y por eso sabes que Magda es hija de esa prisionera. Santiago y Carmen nunca le han dicho que es una hija adoptiva.

SERGIO: Y usted no quiere decírselo a la señorita Marjorie.

JAIME: Voy a casarme con ella. No me agrada una cuñada nacida en cautiverio; pero todos los datos que tenemos sobre Magda son positi­vos. Es una buena estudiante y no hay nada en su contra, ni historias sentimentales ni relaciones políticas. Se ha dedicado a estudiar y sólo piensa en su profesión. Es mejor que siga creyendo que es hija de Carmen. Es mejor para todos, especialmente para Marjorie.

SERGIO: ¿Cree que esa tal Aída le dijo algo esta tarde?

JAIME: Tú sabes que yo trato de investigarlo todo. Aída vende se­guros. Magda ya está trabajando en administración de empresas. Quizás Aída quiso conocerla y buscó un pretexto. Tal vez no le dijo que era su madre. Han pasado muchos años.

SERGIO: Algunas mujeres enloquecen en las prisiones. Empiezan a vivir en un mundo de fantasía. ¿Quién va a creerles? Esa tal Aída pudo decirle cualquier cosa a la señorita Magda; pero ella no tiene por qué creerle.

JAIME: Trataré de saber si hay algún cambio en Magda. Si tuvo alguna información sobre su nacimiento. Realmente quiero a Marjorie. Tengo que solucionar todos los problemas que se presenten antes del casamiento.

SERGIO: Para los grandes problemas hay grandes soluciones. Usted sabe que cuenta conmigo. Y también con la laguna de la Agroindustrial.

JAIME: Cállate, Sergio. Hay cosas sobre las cuales no se debe hablar.

SERGIO: Comprendo, señor. (MAGDA Y MARJORIE BAJAN LA ESCALERA. VAN VESTIDAS CON UNA SENCILLA ELEGANCIA. SONRÍEN A JAIME)

JAIME: (CON UNA FRÍA GALANTERÍA) ¡Qué hermosas hermanas! Si no estuviese comprometido con una, tal vez habría elegido a la otra.

TELÓN.


SEGUNDO ACTO:

  • EL MISMO ESCENARIO AL COMENZAR LA TARDE.

  • MAGDA ESTA SENTADA EN UN SOFÁ. BEBE UN REFRESCO.

  • REVISA UN INFORME. SE OYE ABRIR LA PUERTA DE CALLE.

  • ENTRAN MARJORIE Y JAIME.

JAIME: Buenas tardes, Magda. (MARJORIE SE ACERCA A MAGDA Y LA BESA EN LAS MEJILLAS)

MAGDA: ¿Cómo les fue?

MARJORIE: Relativamente bien. Por lo menos ahora estoy más tran­quila.

MAGDA: ¿Qué les dijo el médico?

MARJORIE: (SE SIENTA) Que era una simple tensión nerviosa, un ex­ceso de fatiga. Imagínate. Recorrer en quince días casi la mitad de Estados Unidos.

JAIME: El doctor Santa María me explicó que afortunadamente no se había producido ninguna enfermedad psicosomática; pero era necesa­rio que Marjorie reposara.

MARJORIE: Y tú sabes que ahora Jaime tiene una reunión de nego­cios en Guadalajara. Jaime, desde las primeras semanas de matrimonio me estoy convirtiendo en una molestia para ti.

JAIME: Cualquier hombre quisiera tener esa molestia.

MARJORIE: Jaime, hablo en serio. Me hiciste pasar unos días maravillosos y en vez de mostrar alegría, sólo muestro fatiga.

MAGDA: No te preocupes, Marjorie. Un matrimonio es como el arco iris. Tiene todos los colores. Ya ves: hasta Santiago y Carmen han discutido a veces.

MARJORIE: (RIENDO) Menos mal que tienes esa experiencia para poder opinar. A pesar de toda mi fatiga, te diré algo: un buen matri­monio es algo incomparable. Hasta Rebeca amenaza con casarse con su novio después de tantos años. No lo digo para que salgas de inmedia­to detrás de un pretendiente. Ya encontrarás un hombre que te merezca.

MAGDA: (CON TONO SUPERFICIAL) Ahora sí que estás fatigada.


MARJORIE: Tienes razón como siempre, hermanita. Disculpa, Jaime. Voy a reposar momento. Sé que tienes asuntos pendientes y los dejaste para acompañarme donde el médico; pero quedas en compañía de una cuñada extraordinaria. (BESA A JAIME. EL LA OBSERVA SUBIR A LA PLANTA ALTA)

MAGDA: Jaime, estás preocupado.

JAIME: No, Magda. Realmente no. Santa María es un médico notable. Y todos los análisis resultaron favorables para Marjorie.

MAGDA: Perdona una pregunta. ¿No habrá un embarazo?

JAIME: (RÍE) No. Los análisis dijeron que todavía no.

MAGDA: Entonces esperemos el futuro.

JAIME: No te apresures, Magda. Dale tiempo al tiempo. Como dice Marjorie, la razón es tuya. (PAUSA) Quisiera tener pronto un hijo. Y a no me encuentro joven. Tú sabes que estuve casado y que mi hijo murió en un accidente de tránsito. En aquella época podía correr con mi hijo y ganarle. (PAUSA) Cuando era soltero, mi obsesión era juntar una fortuna y gastarla en mí mismo; pero cuando pasaron los años y la empresa prosperó, quise casarme para dejarle esa fortuna a un hijo. O a varios. Yo había tenido algunas aventuras que resultaron agradables; aunque no comprometedoras. La experiencia me enseñó que es más fácil conquistar una mujer que deshacerse de ella. Busqué una es­posa y encontré una mujer de gran belleza. En esa época la belleza me impresionaba más que ahora. Te diré que ella era insoportable. Después de la muerte de David, nos separamos. Ella se llevó una parte de mi fortuna. Por lo menos me dejó el recuerdo de su belleza.

MAGDA: ¿Has vuelto a verla?

JAIME: No. Con el dinero volvió a Grecia, que era la tierra de sus padres.

MAGDA: ¿Cómo se llamaba?

JAIME: Sofía.

MAGDA: Eso significa " sabiduría”.

JAIME: Al menos era sabia en el nombre.

MAGDA: Jaime, creo que no tuviste la culpa de la separación. Y si tu hijo viviera, todavía seguirías junto a esa esposa.

JAIME: Puede ser. Quiero tener un hogar donde llegar en las noches con mis canas y mis dolencias.

MAGDA: No dramatices, Jaime. Tienes mucha energía. Soportaste el viaje de luna de miel mejor que Marjorie.

JAIME: Estoy acostumbrado a viajar. Ya ves. Recién llegamos y debo partir a Guadalajara. El médico dijo que no-era conveniente para Mar­jorie viajar.

MAGDA: Por eso nos pediste que Marjorie estuviera con nosotros algunos días.

JAIME: ¿Dónde podría encontrarse mejor? Aquí nada malo puede ocurrirle. Les agradezco esta hospitalidad.

MAGDA: No es hospitalidad, Jaime. Este hogar es de ustedes. Se trata de una pequeña retribución a lo que has hecho por nosotros desde que conociste a Marjorie.

JAIME: ¿Hacer algo? Pequeños favores sin importancia. (ENTRA REBECA. VISTE CON SU MEJOR ROPA).

REBECA: Buenas tardes, don Jaime.

JAIME: Buenas tardes, Rebeca.

REBECA: ¿Se sirve algo?

JAIME: No. Gracias, Rebeca. Conozco la casa y puedo servirme solo.

REBECA: Señorita Magda, usted me dijo que me daría la lista de compras.

MAGDA: Sí. La puse en un sobre junto con el dinero. Está sobre esa mesa. (REBECA SE. ACERCA A LA MESA Y CASI TROPIEZA CON ELLA)

REBECA: Perdón, señorita Magda. Casi boto la estatua de la Li­bertad.

MAGDA: No, Rebeca. La estatua de la Justicia.

REBECA: ¿No es lo mismo?

MAGDA: No. Se parecen; pero no son iguales.

REBECA: Cada día se aprende algo nuevo. (TOMA EL SOBRE. SE DESPIDE. JAIME SE ACERCA AL ESTANTE LICORERA)

JAIME: ¿Quieres algo, Magda?

MAGDA: No, gracias. (JAIME SE SIRVE Y VUELVE A SENTARSE)

JAIME: Tú conoces el penthouse que compramos.

MAGDA: Sí, es muy hermoso y está muy bien decorado.

JAIME: Marjorie no quiso contratar un decorador. Se empeñó en que fuera su obra personal

MAGDA: Quedó impresionante.

JAIME: Cierto; pero después que-pasamos por Nueva York, a Marjorie se le ocurrieron ideas nuevas. Y quiere remodelarlo. Pienso que si se recupera, se encargaría de eso y tú podrías ayudarla.

MAGDA: Jaime, no hay problemas.

JAIME: Gracias. Quiero hablarte de otro asunto. Pronto abriremos una sucursal en España. Tú podrías hacerte cargo. Has trabajado en la administración de algunas empresas y todos los informes que pedí son favorables. Le ofrecí esa posibilidad, a Santiago; pero él dice que tie­ne demasiadas raíces aquí. Yo lo comprendo. En cambio tú eres una per­sona joven. Tal vez tu futuro está en otro país. Has tenido muy buenas calificaciones en tus estudios. Eres honrada y responsable. Yo estoy enamorado de Marjorie; pero comprendo que eres más inteligente que ella. Con .nuestra sucursal de España puedes prosperar. Encontrarás un español que te aprecie y tendrás varios españolitos.

MAGDA: Jaime, realmente es una proposición generosa.

JAIME: No tienes nada que te amarre al país. Eres una mujer ex­traña. No te conozco un novio. Tal vez algunos pretendientes. Y el tiem­po pasa. En unos años ya no serás una joven decidida sino una mujer adulta sin recuerdos ni deseos. Aprovecha esta oportunidad. Tu vida tendrá un cambio. Te apartarás de este hogar; pero tal vez formarás tu hogar en otras tierras. Ganarás mucho; aunque yo pierda una cuñada.

MAGDA: Por tu forma de hablar, saco una conclusión. No me has dicho que quizás mis padres no querrán que me vaya. No has nombrado a Santiago ni a Carmen. Tú crees que no soy hermana de Marjorie.

JAIME: ¿Que no eres hermana de Marjorie? Nunca he pensado algo así. Ustedes son diferentes; pero todos somos diferentes. No hay un ser idéntico a otro, ni siquiera igual.

MAGDA: ¿Y si te dijera que no soy la hermana? ¿Qué pensarías entonces?

JAIME: Que me estás haciendo una broma. Que te fastidia la quie­tud en que vives y entonces inventas una fábula.

MAGDA: Jaime, no pretendas ser un psicoanalista conmigo. Lo que tú dices me confirma algo: sabes que no soy hija de Carmen ni de Santiago.

JAIME: Muchacha, nunca has querido ir a la playa con nosotros. Te hace falta un poco de sol para espantar todas las historias que estás inventando.

MAGDA: No soy tu cuñada. No soy hermana de Marjorie. Ni soy hija de Carmen y Santiago.

JAIME: Entonces, ¿de quién eres hija?

MAGDA: De una prisionera política que estuvo en los Castaños y fue violada en esa prisión.

JAIME: Estás delirando.

MAGDA: No. Hablé con una mujer llamada Aída Barreto. Ella me afirmó que yo era su hija y me contó la historia.

JAIME: Cualquier mujer extraviada puede inventar una historia. Y no tiene por qué ser cierta.

MAGDA: Yo también dudé; pero empecé a reflexionar, a hacer recuer­dos, a sacar conclusiones.

JAIME: Falsas premisas y falsas conclusiones.

MAGDA: Carmen y Santiago me han tratado siempre como a una hija. Nunca han realizado mayores diferencias entre Marjorie y yo; pero algo instintivo me decía que Marjorie no era mi hermana.

JAIME: Es una fantasía infantil muy frecuente. Ellos no son mis padres. Mis padres son el rey y la reina que todavía no me encuentran.

MAGDA: Jaime, tu estudiaste leyes; no psicoanálisis. No sigas con ese papel de terapeuta del subconsciente.

JAIME: Tú sabes que a veces confundimos lo real y lo imaginario.

MAGDA: No hubo confusión en esa visita de Aída. Recuerdo cada una de sus palabras. (TRATA DE IMITARLA) "No quiero que pierdas esta paz que te rodea. Digámonos adiós".Eso me convenció de que era mi madre.

JAIME: Magda, veamos las cosas desde otro punto. Supongamos que te dijo la verdad. Tú dejaste que se fuera. Y tal vez no vuelvas a ver­la. Te quedaste en este hogar. ¿Qué te ofrecía esa mujer? Nada más que el recuerdo. Admitamos qué es tu madre biológica; pero Santiago y Car­men te han criado por veinte años. Te han dado amor, comprensión, ayu­da. Y han guardado el secreto. Durante todos estos años. ¿Te han habla­do alguna vez como si no fueras su hija?

MAGDA: Jamás.

JAIME: Ellos han velado por ti. Creciste. Te educaste. Si te vas, te recordarán como su hija. Y tú los recordarás como tus padres. Sería un dolor para ellos que de repente les dijeras: "No soy hija de ustedes".Tú no dejarías que ellos sufran, ¿verdad?

MAGDA: Los quiero mucho. Y quiero a Marjorie.

JAIME: Entonces deja las cosas como están. Si crees que esa mu­jer es tu madre, sigue con esa idea; pero no se la comuniques a na­die. Yo tampoco diré nada sobre esa fantasía. Ni siquiera a Marjorie. Sé guardar un secreto.

MAGDA: No he vuelto a ver a Aída. Sin embargo, tengo la impresión de que realmente ella es mi madre.

JAIME: Hay impresiones falsas, espejismos, ilusiones. Ella te lo dijo. ¿Para qué vas a destruir esta paz? No hagas sufrir a otras per­sonas. Deja pasar el tiempo. El tiempo borra muchas cosas.

MAGDA: Hay cosas que .el tiempo no borra. No puede borrar la verdad.

JAIME: ¿Y a quién le interesa la verdad? ¿A los filósofos? ¿A los matemáticos? Sabemos que la tierra es redonda y seguimos diciendo "Salió el sol". Si esa mujer te dijo la verdad, no nos interesa esa verdad.

MAGDA: Pero siento que algo ha cambiado. Tal vez yo también cambié. Marjorie lo captó de inmediato.

JAIME: Si te sientes mal en este hogar, recuerda la solución que te di: España. Piénsalo. Ahora existe entre nosotros un secreto. Sea falso o verdadero, debe continuar siendo secreto. (PAUSA. SE ESCUCHA EL RUIDO DE UNA PUERTA. MARJORIE BAJA. SE VE TRANQUILA Y DESENVUELTA)

MARJORIE: Jaime, ¿todavía aquí? Perdona. No te quiero echar; pero sé que tienes muchos asuntos pendientes. Y te estás retrasando por mí. No te preocupes. Me siento tan fresca como una lechuga sin cortar. JAIME (MIRA SU RELOJ) Tienes razón. Me entretuve conversando con Magda.

MARJORIE: ¿Sobre mí?

JAIME: ¿Qué otro tema puede haber? Si me retraso, no me esperen. Cenen tranquilamente.

MARJORIE: Así lo haremos. Nunca pude acostumbrarme a la comida norteamericana. Es muy superior la comida dé este hogar.

MAGDA: Rebeca salió. No sé si habrá alcanzado a preparar algo.

JAIME: No se preocupen. Les enviaré algo para la cena.

MARJORIE: Mándanos unos platos que tengan nombre francés. Son los mejores. (JAIME SE DESPIDE DE AMBAS. BESA A MARJORIE. SALE) ¿Santiago y Carmen no han vuelto del bautizo?

MAGDA: Recuerda que eran los padrinos. Y los padrinos sé festejan más que el ahijado.

MARJORIE: Es cierto. Otra vez estamos solas. Podremos conversar tranquilamente.

MAGDA: No tengo mucho que contar.

MARJORIE: Te graduaste summa cum laude ¿y no tienes qué contar?

MAGDA: Nada nuevo. (SUENA EL TELEFONO. MARJORIE LO ATIENDE)

MARJORIE: (CON SORPRESA) Magda, es para ti.

MAGDA: (TAMBIÉN SORPRENDIDA) ¿Para mí?

MARJORIE: Debe ser un admirador desconocido.

MAGDA: (ATIENDE EL TELEFONO) ¿Señor Ruiz Tagle?... ¿Están allá los supervisores?... Debían presentarse el Viernes… ¿Adelantaron la fecha? ¿No puede reemplazarme Jiménez?... ¿Soy irremplazable? Muchas gracias; pero no es cierto… ¿Faltan algunos datos?, ¿Realmen­te me necesita?... Por favor, un momento... Marjorie, ¿crees que puedes quedarte sola? (MARJORIE ASIENTE) En ese caso… Sí, señor Ruiz Tagle, voy de inmediato. Pero con una condición: después tendrá que darme unos días de permiso. Mi hermana se encuentra delicada de salud y ne­cesita atención. (A MARJORIE) Busco mi cartera y salgo.

MARJORIE: ¿Te llamo un taxi por teléfono?

MAGDA: No es necesario. Por aquí pasan siempre. (SUBE CON RAPIDEZ A LA PLANTA ALTA. MARJORIE MIRA CON MELANCOLÍA LAS PINTURAS Y LAS CERÁMICAS. BAJA MAGDA)

MARJORIE: ¿Sabes, hermanita? Las mujeres solteras quieren estar casadas y las casadas quisieran seguir solteras.

MAGDA: Eso no reza conmigo, Marjorie. Volveré pronto. Hasta luego.

MARJORIE: Hasta luego. ¿Es buen mozo el señor Ruiz Tagle?

MAGDA: (SALIENDO POR LA PUERTA IZQUIERDA) Eso es relativo.

MARJORIE: (CONTEMPLA EL LIVING ROOM) No te deprimas, Marjorie. (IMITANDO AL DOCTOR SANTA MARÍA) Es sólo una tensión nerviosa sin efectos psicosomáticos. (DA UNOS PASOS DE BAILE. SE ACERCA AL ESTANTE-LICORERA. MIRA LAS BOTELLAS. ELIGE UNA. LLENA UN VASO. SE SIENTA Y COMIENZA A BEBERLO. SE ESCUCHA EL SONIDO DE UN AUTOMÓVIL Y LA LLAMADA DEL TIMBRE). Prudencia, Marjorie. Mira bien al visitante antes de dejarlo entrar. (SALE A ABRIR LA PUERTA. ENTRA SERGIO CON DOS CAJAS PEQUEÑAS). Adelante, Sergio.

SERGIO: El señor Onzoátegui está en una reunión; pero antes me pidió que le trajera esta comida.

MARJORIE: ¿Qué es?

SERGIO: No sé. No puedo pronunciar el nombre.

MARJORIE: Déjalos en la nevera. (TERMINA EL VASO. SERGIO VUELVE) Escucha, Sergio. Estoy sola en la casa.

SERGIO: ¿En verdad?

MARJORIE: Rebeca salió. Santiago y Carmen están en un bautizo. Magda tuvo que volver a la oficina.

SERGIO: (CAMBIA DE ACTITUD. MIRA A SU ALREDEDOR PARA CERCIORARSE. SE SIRVE CON LENTITUD UN VASO DE LICOR. MIRA A MARJORIE) ¿Y amarraste los perros?

MARJORIE: No seas idiota. Sabes que no tengo perros. Debo hablar contigo. Y no te permitiré ninguna impertinencia.

SERGIO: Quiere decir que olvidaste esa noche.

MARJORIE: ¿Cuál noche? Esa noche no hubo nada.

SERGIO: Nada final; pero sí muchos preparativos. No llegaste hasta el final porque reservabas tu virginidad para Onzoátegui. Y para la Agroindustrial.

MARJORIE: No tienes derecho a hablarme así. Lo pasado está olvidado.

SERGIO: Eso es lo que tú dices. (SE SIRVE OTRO VASO. SE SIENTA CON DESENFADO EN UN SILLÓN) ¿No quieres oírme? Tal vez te convenga escucharme.

MARJORIE: ¿Por qué?

SERGIO: Conseguí la información que me pediste.

MARJORIE: ¿Los datos sobre Magda?

SERGIO: Exactamente.,

MARJORIE: Deja entonces esos preliminares y dime qué. Supiste.

SERGIO: Toda información importante debe tener una recompensa. Tú sabes cuál es la recompensa que espero.

MARJORIE: Hablas otra idiotez. La recompensa para ti es continuar en un buen empleo. Si le dijera a Jaime que me fastidias, te despediría inmediatamente. O te pasaría algo peor.

SERGIO: Ya sé. Estaría en el fondo de una laguna.

MARJORIE: ¿De qué hablas?

SERGIO: Sé de lo que hablo.

MARJORIE: Sergio, si quieres evitar malas consecuencias, dime todo lo que has logrado averiguar.

SERGIO: Bien. Beberé otro trago. Mientras tanto, espera. (BEBE) Magda no es hermana tuya.

MARJORIE: (SIN ASOMBRARSE) ¿Cómo lo supiste?

SERGIO: Soy el hombre de confianza de Onzoátegui. Antes de casarse contigo, rastreó todo el pasado de la familia Cifuentes. Santiago y Carmen eran irreprochables. Nada podía decirse contra ellos; pero encontramos una solicitud de adopción. Onzoátegui también es abogado y tiene un grupo de jueces y de notarios que son sus incondicionales. Los métodos que emplea para ganar los juicios no son los mismos de tu padre. Por eso Santiago no estaba de acuerdo con tu compromiso; pero vio que tú querías casarte con Onzoátegui y aceptó eso. Onzoátegui conoce la carrera profesional de tu padre. Le gusta informarse de todo. Así supo que Magda es adoptada.

MARJORIE: ¿Jaime quería saber el verdadero origen de Magda?

SERGIO: Sí. Magda podía ser uno de los niños nacidos en prisión durante la dictadura. Tú sabes que varios fueron adoptados. Incluso por los militares. Supimos quién era la madre de Magda. Se llama Aída Barreto. Estuvo prisionera en Los Castaños. La casualidad nos ayudó a completar los datos. Ella fue violada por dos antiguos vigilantes de la Agroindustrial, que después del golpe prefieren convertirse en guardianes de prisiones. Sé que uno murió. No sé si el otro está vivo.

MARJORIE: (SE HA SERVIDO OTRO VASO TRATANDO DE CONSERVAR LA CALMA; PERO SIENTE REPULSIÓN POR LO QUE ESCUCHA) Sabías esos datos antes de que yo me casara con Jaime. El también los sabía. ¿Por qué no deshizo el compromiso?

SERGIO: No había motivos. La adopción era legal. Nadie conocía los antecedentes. Tu hermana era una buena alumna universitaria. Con, una conducta intachable, sin antecedentes políticos. Remover todo eso habría despertado sospechas. Era mejor que todo quedara igual .Además el viejo está enamorado de ti.

MARJORIE: No hables así de Jaime. Los dos sabemos que te puede costar muy caro. Pero, ¿por qué no me dijiste eso antes del matrimonio?

SERGIO: Podrías haber deshecho el compromiso. Y Onzoátegui sospecharía que yo te informé. Ahora no importa que sepas la verdad.

MARJORIE: ¿No había otro problema?

SERGIO: El único problema era que Magda supiera la verdad. Y la reacción que tendría al saberla.

MARJORIE. ¿Sabe ahora?

SERGIO: Parece que Magda habló con esa mujer llamada Aída antes de tu casamiento. No sabemos qué le dijo. Tal vez quería conocerla y buscó cualquier pretexto para eso. La mujer trabaja en seguros. Pudo inventar cualquier argucia.

MARJORIE: Sergio, estás hablando como un abogado.

SERGIO: Conociendo a tantos...Si esa mujer le dijo la verdad, Magda no la divulgó. No realizó ningún intento de cambiar la situación. Y en tu matrimonio se veía muy contenta. Casi tanto como el novio o como la novia.

MARJORIE: En la fiesta de bodas ocurrió algo extraño. No sé si Magda estaba deprimida. O si bebió demasiado; pero se acercó a mí y me dijo "Te deseo toda la felicidad. Esa felicidad que muchos no logran. Y te la desearía aunque no fueras mi hermana". Eso me hizo sospechar. Comencé a pensar que éramos distintas. Recordé las historias de los niños adoptados durante la dictadura. Por eso te pedí que averiguaras la verdad.

SERGIO: Ahora la sabes; pero no te sirve .No podrás quitarle nada a Magda.

MARJORIE: No quiero quitarle nada. Ni los años que vivimos juntas. Sergio, tú te burlas de los sentimientos. Te burlas porque Jaime me quiere. Y te burlarías de mí si te dijera que siempre he querido a Magda; pero así ocurre. Ella es mi hermanita. Y no dejará de serlo porque tiene otros padres. De la madre nada puedo decir. Si estuvo prisionera es porque cometió un delito. O porque no lo cometió. En cuanto al padre, Magda no es culpable de .que sea un cerdo tan repugnante como tú.

SERGIO: Yo no era tan repugnante esa noche.

MARJORIE: Y vuelves a hablar de esa noche... Ahora sé lo que quería saber. Puedes irte.

SERGIO: ¿Crees que me iré?

MARJORIE: ¿Por qué no?

SERGIO: Porque estamos solos. Porque te deseo y tú me deseas. Recuerda esa noche.

MARJORIE: Esa noche pertenece al pasado.

SERGIO: Y la continuación al futuro. No tienes que pensar en tu virginidad. Ya se la entregaste a Onzoátegui.

MARJORIE: ¿Por qué hablas así?

SERGIO: El viejo no es tan viejo. Y si no lo hubieras satisfecho, ya no estarías aquí. Ahora eres una esposa. Una esposa que necesita un hombre verdadero.

MARJORIE: Ten cuidado, Sergio. Puedo ordenar que te maten.

SERGIO: ¿A quién se lo pedirás, a otro vigilante? ¿Y cómo lo convencerás? Se necesitan diez hombres para matarme. Así que tendrías mucho trabajo.


MARJORIE:
¡Infeliz presumido!

SERGIO:
Esa noche casi tocaste el cielo. Ahora que no eres virgen, podrás tocarlo.

TELÓN.


TERCER ACTO:

  • EL MISMO ESCENARIO. COMIENZA LA TARDE.

  • MAGDA, MARJORIE Y REBECA CONVERSAN ANIMADAMENTE.

MARJORIE: Rebeca, hasta esta tarde serás la novia.

REBECA: Sí, señorita Marjorie. El sacerdote dijo que este sábado casará a treinta parejas que viven sin los sacramentos.

MAGDA: Entonces será una ceremonia grandiosa.

REBECA: El sacerdote nos estuvo instruyendo durante este mes. Aprendimos mucho sobre el valor del matrimonio.

MARJORIE: Se lo he dicho a Magda y te lo repito: no hay nada mejor que un buen matrimonio.

MAGDA: Hablas con la fe de los nuevos conversos. Quieres catequizar a todos.

MARJORIE: Hermanita, antes de casarme con Jaime, tenía mis dudas. Después de todo, él había fracasado en su primer matrimonio. O fracasó la esposa. O fracasaron los dos juntos.

MAGDA: Yo he conversado con Jaime. Creo que él por naturaleza y por voluntad es un buen esposo; pero necesita una buena compañía.

MARJORIE: (BROMEA ADOPTANDO UN AIRE SOBERBIO) Por suerte me encontró.

REBECA: Sí, señorita Marjorie. Aunque lo diga en broma, es cierto. El les ha repetido a don Santiago y a la señora Carmen que no pudo hallar una esposa mejor.

MARJORIE: ¿Escuchaste, Magda? Las mujeres somos filones de oro.

Sólo necesitamos el minero que nos descubra.

REBECA: Usted exagera, señora Marjorie. Yo nunca he sido un filón de oro.

MAGDA: A Marjorie le encanta exagerar. Pero eso es una señal de energía.

MARJORIE: Cierto, hermanita. Siempre lo he dicho: Tú tienes la razón. Vuelvo a sentirme bien. Me estoy recuperando. Acaso fue la fatiga de visitar tantas ciudades. Tal vez esta reunión de Jaime en Guadalajara me ha permitido reposar. Cuesta acostumbrarse a una vida matrimonial.

REBECA: Señora Marjorie, señorita Magda: les diré algo con perdón de ustedes. Yo no me decidía a casarme porque no quería dejar este hogar. He vivido muchos años aquí. Y ahora tengo que acompañar a Renato a la casa que arrendó para nosotros.

MAGDA: También sentimos que te vayas. Tú representas algo difícil de encontrar: la lealtad.

MARJORIE: (PROTESTA) Magda, no hables en esa forma tan solemne. Harás que Rebeca se sienta culpable y rechace el matrimonio para no abandonarnos.

REBECA: Señorita Magda: usted sabe que aquí me reemplazará mi hermana María. Ella es más joven que yo; pero sabrá cumplir. Tal vez mejor que yo. Llega esta tarde en el bus de las cinco. Iré con Renato a esperarla. Y la traeré para que ustedes la conozcan. Ustedes dirán: Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos cambiado por Rebeca.

MAGDA: Es bueno ser modesta; pero no humilde.

REBECA: Señorita Magda: no le entiendo.

MARJORIE: Magda quiere decir que te subestimas.

REBECA: No me subestimo. Ustedes verán que María es una muchacha extraordinaria, especialmente en la cocina.

MARJORIE: Nos despiertas la curiosidad por conocer a esa maravilla.

REBECA: Gracias. Me voy para estar en el terminal cuando llegue el bus. No me demoraré mucho. No se molesten, si también vengo con Renato. Perdonen; pero tengo el presentimiento de que si me demoro demasiado. . .

MAGDA: (LA INTERRUMPE) Yo también tengo el presentimiento de que si continuas hablando, tardarás más todavía.

REBECA: (EN FORMA PRECIPITADA) Me voy. Hasta luego. (SALE. MAGDA LA MIRA Y PARECE REFLEXIONAR)

MARJORIE: Magda, ¿por qué esa expresión melancólica? No me digas que te estás volviendo sentimental.

MAGDA: Te extrañé durante las semanas que viajaste. Nunca habíamos estado separadas durante tanto tiempo. Rebeca se va. Y ahora con Santiago y Carmen, en España, me siento más sola.

MARJORIE: Tú siempre te has acompañado con tus estudios. Has quedado sola durante todos los paseos y muchas fiestas a las que no quisiste asistir.

MAGDA: Es cierto. Tampoco había estado lejos de Santiago y Carmen durante tantos días.

MARJORIE: Debemos alegrarnos por ellos. Es la primera vez que

van a Europa.

MAGDA: Sí. Me alegro especialmente por Santiago. Carmen se sentirá

bien en cualquier parte al lado de él. Un viaje a España fue siempre

el sueño de Santiago.

MARJORIE: Recuerdo que cada vez que Santiago ganaba un juicio, decía:

"Ahora podré viajar a España." Sacando cuentas, tampoco esa vez podía.

MAGDA: No es fácil mantener un hogar y educar a dos hijas., sobre todo si se rechazan las ganancias ilícitas.

MARJORIE: Te confesaré que a veces me asusto pensando que los años pasarán rápidos para Jaime y para mí. Puedo encontrarme de pronto como una viuda sin experiencia con la misión de educar a varios hijos.

MAGDA: No te preocupes, Marjorie. (IMITA A REBECA) Tengo el presentimiento de que todo irá bien.

MARJORIE: (SE CALMA) ¿Te gustó la carta que Santiago y Carmen enviaron desde Madrid?

MAGDA: Están fascinados con la ciudad del oso y del madroño.

MARJORIE: ¿Y la postal desde Barcelona?

MAGDA: Imitan tu luna de miel. Quieren recorrer varias ciudades en pocos días.

MARJORIE: Jaime le ofreció a Santiago hacerse cargo de la sucursal de la

empresa en España. Papá rechazó la oferta. Sé que después Jaime te la ofreció a ti. Y todavía dudas. Este viaje que les regaló a nuestros padres, fue principalmente una gestión mía. Creo que Jaime pensó que al recorrer el país, ellos querrían residenciarse allá; pero ya ves lo que Santiago dice en su carta:- "Hermoso país. Sin embargo, mis raíces están en mi tierra."

MAGDA: Le contesté lo mismo a Jaime. Ahora al leer la carta de Madrid, he cambiado de opinión. Santiago ya tiene raíces muy profundas. Yo todavía puedo buscar otro horizonte.

MARJORIE: Piensas correctamente. Aquí tu vida se ha vuelto demasiado rutinaria. Sé que también te extrañaré; pero todo sea por tu bien.

MAGDA: Ojala. Tú sigues con tus padres y con Jaime. Yo únicamente tendré la compañía de la Agroindustrial.

MARJORIE: No puedes quejarte. La Agroindustrial es muy buena compañía.

MAGDA: Y tú también tendrás la compañía de un niño.

MARJORIE: Santa María dijo que era un embarazo de pocas semanas.

No sé en qué ciudad fue concebido ese niño. Creo que en Nueva York. (ADOPTANDO EL TONO DE REBECA) Y presiento que será una niña.

MAGDA: Di mejor que tú quieres una niña. Jaime preferiría un varón.

MARJORIE: Sí. Ya sé. El nuevo dueño de la Agroindustrial, el ejecutivo, el hombre de empresa, el que no vacila en enfrentar a sus adversarios.

MAGDA: Un niño o una niña que no veré nacer.

MARJORIE: Magda, te vas a otro país. No sabes si volverás. No sabes si otra vez te encontrarás con Santiago o con Carmen o conmigo. Por eso quiero aclarar algo. Sé que no eres mi hermana. Eso no me importa.

Para mí sigues siendo la hermana que siempre he tenido. Santiago y

Carmen ignoran que yo lo sé.

MAGDA: (CON CALMA) ¿Cómo te enteraste?

MARJORIE: No quiero decírtelo. Responderé igual que los periodistas: -"Tengo derecho a no revelar mis fuentes de información".

MAGDA: ¿Hablaste con Aída?

MARJORIE: ¿Aída? Ya se a quien te refieres .Nunca la he visto. Tampoco tengo interés en verla; pero parece que es una mujer razonable. Se alejó de esta casa en la que no tiene nada que hacer. No sé si esa decisión surgió de ella o si tú la presionaste.

MAGDA: Yo no podría rechazar a una persona porque afirma que es mi madre. Siempre tuve dudas sobre mi nacimiento. Me sentía feliz de estar en este hogar; pero una especie de inquietud no me dejaba tranquila. Sabía de muchos casos de niños nacidos en cautiverio. Conocía los problemas que provoca una adopción. Me preguntaba si yo no sería uno de esos niños. Sin embargo, ningún acontecimiento alteraba nuestra vida.

MARJORIE: Fueron veinte años de dictadura y llevamos solamente dos de transición a la democracia. Nosotros no vivimos mal durante la dictadura. Tampoco estamos mal ahora. Lo único que sabemos en realidad es que los años pasan.

MAGDA: Tú tenías dos años al comenzar la dictadura. Yo nací después. No podemos recordar el gobierno anterior. Ni siquiera podemos juzgarlo por la opinión de los demás.

MARJORIE: Cierto. Había partidarios de ese gobierno; pero después del golpe prefirieron guardar silencio para no tener problemas.

MAGDA: En este hogar no hubo grandes problemas y tampoco los tenemos actualmente. Esa es la paz que me rodea. Aída me dijo que no quería alterar esa paz. Eso me convenció de que es mi madre. Tú recuerdas el juicio de Salomón. El rey supo quién era la madre porque ella, renunciaba al hijo.

MARJORIE: Supongamos que esa mujer llamada Aída no mintió; pero ya ves. Nada ha cambiado.

MAGDA: Eso me preocupa .Algo tenía que cambiar.

MARJORIE: ¿Por qué? Todo seguirá igual mientras Santiago y Carmen ignoren que tú supiste la adopción. Creo que tú no les dirás nada. Los quieres demasiado. No los harás sufrir.

MAGDA: Estás hablando el mismo lenguaje de Jaime.

MARJORIE: ¿De Jaime? ¿También él sabe que eres una hija adoptiva?

MAGDA: Creo que fue el primero de nosotros en saberlo. Antes de casarse contigo, investigó todos los antecedentes de la familia.

MARJORIE: Eso es muy propio de Jaime. Su éxito se debe a que está siempre muy bien informado. Nadie logra sorprenderlo.

MAGDA: Dentro de poco me iré. Tal vez no regrese. Por eso te dije que hablé con Onzoátegui". El sabía la verdad; pero me preguntó: -“¿A quién le interesa la verdad?" (SUENA EL TIMBRE) Es muy pronto para que sea Rebeca con su hermana.

MARJORIE: Yo sé quién es. ¿Me prometes no asombrarte?

MAGDA: No puedo prometer algo que no sé.

MARJORIE Es Sergio.

MAGDA: ¿Sergio? ¿El chofer? ¿Cómo sabes que es él?

MARJORIE: Porque le pedí que viniera.

MAGDA: (LA MIRA ASOMBRADA TRATANDO DE COMPRENDER) ¿Le pediste que viniera? ¿Para qué?

MARJORIE: Tengo que hablar con él. (MAGDA LA MIRA EXTRAÑADA. SALE

A ABRIR. MARJORIE SE ACERCA AL ESTANTE-LICORERA Y SE SIRVE UN TRAGO. MAGDA ENTRA CON ALGUNOS VOLANTES EN COLORES) ¿Quién era?

MAGDA: Publicidad comercial. (DEJA LOS VOLANTES JUNTO A LA ESCULTURA DE LA JUSTICIA. SE SIENTA Y MIRA EN SILENCIO A MARJORIE. PAUSA)

MARJORIE: Hermanita, tú tienes siempre la razón. Siempre me has dado buenos consejos. Ahora quiero confiarte algo. Es un secreto que sólo tú sabrás.

MADGA: (IRÓNICA) ¿Como mi adopción?

MARJORIE: Por favor, Magda. Es algo que solamente quedará entre nosotras.

MAGDA: Ojalá sea así.

MARJORIE: Hermanita, yo sé que no. vas a traicionarme. Confío más en ti que en una hermana de sangre y hueso. Siempre me aconsejaste bien. Espero que ahora también lo hagas. Eres una mujer inteligente. Ojalá yo tuviera tu capacidad. Necesito hablar contigo. No por la adopción, que pertenece al-pasado y que a mí no me importa, sino por algo que pertenece al futuro.

MAGDA: ¿Tu hija?

MARJORIE: Sí. Eres menor que yo; pero sabes orientarme. Tu recuerdas que yo estaba enloquecida por un amigo de Santiago. Quería escaparme con él. Tú me atajaste.

MAGDA: ¿Para qué hablar del pasado? Me dijiste que hablaríamos del futuro.

MARJORIE: Es verdad. Recuerdo esa historia de Javier para que sepas lo agradecida que estoy contigo. Habría desperdiciado mi vida con esa aventura. Ahora quiero que sepas algo: tengo amores con Sergio.

MAGDA: (LA OBSERVA CON ATENCIÓN) Marjorie, ¿cómo pudiste hacer eso?

MARJORIE: Por idiotez, por simple idiotez. Ni siquiera Sergio me atrae demasiado.

MAGDA: Tenías a tus padres. Me tenías a mí. Y tenías a Jaime.

MARJORIE: Todo eso lo sé.

MAGDA: Dime cuándo empezó.

MARJORIE: Cuando estaba de novia con Jaime. El le encargó a Sergio que me atendiera. Tú comprendes que tenía miles de cosas que hacer y Sergio me llevaba a todas partes. Era atento y me miraba como si tratara de disimular el deseo, como si entendiese que yo era inalcanzable para él. Eso formaba parte de su juego y empecé a tentarlo. Todo en el plano de la más estricta cortesía. Pero una noche me estrechó con violencia. Comenzó a besarme y sentí que iba a ceder. No sé cómo tuve fuerzas para resistir.

MAGDA: La Agroindustrial es muy poderosa.

MARJORIE: Magda: no te burles. Te confesaré algo: nunca quise realmente a Jaime. Le agradezco todo lo que ha hecho por mí. Y por todos nosotros. Lo admiro por sus éxitos comerciales. Sé que es atento y educado. Pertenece a una de las familias más importantes del país. Tiene seguridad en sí mismo; pero no lo quiero. He tratado de enamorarme de él. No he podido.

MAGDA: Tampoco quieres a Sergio.

MARJORIE: A Sergio lo desprecio; pero me he acostado varias veces con él. Comprendo que al principio fue por insatisfacción. Jaime cumple sus deberes conyugales. Es un hombre de experiencia. Sin embargo, no logra conquistarme. Al principio, Sergio era para mí un complemento; pero se volvió cada vez más grosero, más desagradable.

MAGDA: No entiendo por qué sigues con él.

MARJORIE: Me chantajea. Al comienzo tuve miedo porque me dijo que era el padre de la niña que yo esperaba; pero ahora quiero terminar con él porque supe la verdad.

MAGDA: ¿Qué supiste?

MARJORIE: Conseguí revisar los archivos del personal. Hace tres años Sergio fue acusado por una empleada de la compañía. Afirmó que había abusado de ella y que era el padre de su futuro hijo. Sergio afirmó que era una mentira. Los análisis demostraron que Sergio es estéril.

MAGDA: ¿se lo has dicho?

MARJORIE: Todavía no. Por eso lo llamé a esta casa. Quiero hablar con él en un sitio seguro. Tú estás aquí. Me das la confianza necesaria. Te pido que cuando llegue Sergio, me dejes hablar a solas con él; pero estés cerca por si fuera necesario. No sé qué reacción pueda tener. Le teme a Onzoátegui. Sin embargo, puede descontrolarse.

MAGDA: No te preocupes, Marjorie. Estaré cerca por si acaso me llamas.

MARJORIE: Gracias. Magda. Me dijo que estaría aquí a .las cinco y ya son… (SUENA EL TIMBRE. MAGDA ACUDE A ABRIR. ENTRA SERGIO, SORPRENDIDO DE VER A MAGDA)

SERGIO: Buenas tardes.

MARJORIE: Buenas tardes. ¿Realizó todas las diligencias que Jaime le encargó?

SERGIO: Sí, señora.

MARJORIE: Discúlpame, Magda. Hay algunos datos que Jaime necesita y que son muy delicados. Te pido que me dejes sola con Sergio. No se demorará mucho en informarme.

MAGDA: Llámame cuando Sergio se vaya porque también quiero conversar algo contigo.

MARJORIE: Está bien. Serán solamente algunos minutos. (MAGDA SUBE A LA PLANTA ALTA)

SERGIO: No me dijiste que estaría tu hermana.

MARJORIE: ¿Y qué querías? ¿Que estuviera sola contigo?

SERGIO: Dijiste que querías hablarme. Creo que entendí bien.

MARJORIE: Entendiste a tu manera. Te llamé porque quiero que lleguemos a un acuerdo definitivo.

SERGIO: Eso significa que te cansaste de mí y quieres botarme como un mueble viejo.

MARJORIE: Toda conversación contigo es desagradable. No tienes por qué exagerar. Quiero proponerte que te vayas de la Agroindustrial. Pide tus beneficios. Yo también aportaré algo de dinero para que tengas un pequeño capital.

SERGIO: ¿Y dejar a mi mujer y a mi hija?

MARJORIE: ¿Cuál mujer? ¿Cuál hija?

SERGIO: La que vas a tener. Sabes que no es de Onzoátegui. Que es mía.

MARJORIE: ¿Piensas que es tuya?

SERGIO: Lo sé; pero si fuera de Onzoátegui todo sería igual. Todo quedaría dentro de la empresa. Aída Barreto fue violada por la Agroindustrial, tú te acuestas conmigo y tu hermana es hija de la empresa.

MARJORIE: Sergio, es muy fácil hablar. Y hablar disparates, más fácil todavía. Revisé tus antecedentes en la Agroindustrial. Eres estéril.

SERGIO: ¡Repítelo!

MARJORIE: Estéril. Hace tres años una secretaria te demandó como el presunto padre de su hijo. El informe médico demostró que eres estéril. No puedes tener un hijo. Por suerte. Porque ese hijo sería igual a ti, que vales menos que un kilo de mierda.

SERGIO: ¡Perra puta! Ahora sabrás quien soy. (LA GOLPEA. MARJORIE GRITA. MAGDA BAJA CORRIENDO Y COMPRENDE LA SITUACIÓN. TOMA LA ESCULTURA METÁLICA DE LA JUSTICIA Y GOLPEA A SERGIO. ESTE SE DESPLOMA. MARJORIE SE ACERCA AL CUERPO DE SERGIO Y LO EXAMINA CON FRIALDAD.)

MARJORIE: Lo mataste. Bien hecho. Merecía eso. Y mucho más. (SERGIO PARECE MOVERSE. MARJORIE TOMA LA ESCULTURA Y LO GOLPEA CON VIOLENCIA. AGUARDA UN MOMENTO) Ahora está bien muerto. (A MAGDA) No te preocupes, hermanita. Diré que lo maté. A ti te condenarían. En cambio, a mí me absolverán. Tenía demasiados motivo á para matarlo. Yo asumiré toda la culpa, si es que existe culpa. Pensaba deshacerme de Sergio. Incluso estaba dispuesta a pagar para que lo eliminaran. Ahora no. Ahora no necesito cómplices. Y tú no eres cómplice porque solamente yo lo maté. Si hay un juicio, Onzoátegui contratará a los mejores abogados para que me absuelvan. A este gobierno de transición no le conviene pelear con la Cámara de Industriales. Y Jaime es el vicepresidente. Además nadie necesitaba que Sergio viviera. (SE ACERCA AL TELEFONO. MARCA UN NUMERO) ¿Aló? ¿Con la jefatura de Valle Alto? Soy la señora Marjorie Onzoátegui. Sí, la esposa de Jaime Onzoátegui, el presidente de la Agro-industrial Saturno. ¿Puede comunicarme con el comisario Guzmán? El me conoce. Soy la hija del abogado Santiago Cifuentes. El comisario asistió a mi matrimonio civil. ¿Puede comunicarme con él? Muchas gracias. Espero... (MIRA A MAGDA, QUE PERMANECE INMÓVIL CONTEMPLANDO EL CUERPO DE SERGIO) ¿Comisario Guzmán? Buenas tardes. Usted habla con Marjorie Cifuentes, la hija del abogado Santiago. ¿Me recuerda? Usted asistió a mi matrimonio civil con Jaime Onzoátegui... ¿La novia más hermosa que usted ha visto? Por favor, comisario. Me halaga en un momento terrible para mí. Jaime está en Guadalajara en un congreso de industriales. Mis padres viajan por España. Rebeca, la criada, salió para encontrarse con su hermana que llegará en un bus. Aquí se presentó un chofer de Jaime, un vigilante de la Agroindustrial y pretendió abusar conmigo. Sí, comisario. Aquí en la casa. Hace pocos minutos. Me defendí golpeándolo con un objeto metálico. Creo que murió. Mi hermana Magda estaba en la planta alta y bajó al escuchar mis gritos... sí, comisario. Un hombre joven y fuerte. Creo que estaba enloquecido. ¿Hace cuánto rato ocurrió esto? Hace unos pocos minutos... ¿Que no toque nada? Sí, comisario. ¿Vendrá usted con una patrulla? Le agradezco mucho, comisario. (COMIENZA A LLORAR CON ALIVIO) Gracias. Gracias. Es una casa de esquina entre la segunda avenida y la tercera transversal de Valle Alto. Sí. Tiene rejas verdes. Se llama Quinta Las Hermanas. (cuelga EL TELEFONO. MIRA A MAGDA, QUE PERMANECE SILENCIOSA) No te preocupes, Magda. Tú recuerdas al comisario. Es un hombre alto, buen mozo, de lentes. Estuvo en el matrimonio civil. ¿Lo recuerdas?

MAGDA: Sí. Te dijo que eras la novia más hermosa que había visto.

MARJORIE: Todo se arreglará. Magda. Si hay una investigación, ningún empleado de la Agroindustrial declarará a favor de Sergio no tendrían por qué hacerlo. Era un ser despreciable. (MAGDA SIGUE EN SILENCIO) ¿En qué piensas Magda?

MAGDA: Pienso en todos los años que hemos vivido en esta quinta y en la paz que nos rodeaba. Esa paz que nombró Aída.

MARJORIE: Esa paz que Santiago y Carmen forjaron para nosotras.

MAGDA: Esa paz que ahora terminó. Hay un hombre muerto que pesa en nuestras conciencias.

MARJORIE: No, Magda. Tú no quisiste matarlo. Solamente me defendiste de un criminal. Y el golpe mortal no lo diste tú. Lo di yo. Existe un secreto que no te he revelado. Sergio era un criminal. Mató a un empleado de la Agroindustrial. No me preguntes más; pero fue así.

MAGDA: ¿Nunca se descubrió ese crimen?

MARJORIE: Sergio hizo desaparecer el cadáver. (MAGDA SIGUE EN SILENCIO) Deja de preocuparte, Magda. Jaime regresará de Guadalajara. Tú te irás a España. Cuando Santiago y Carmen vuelvan, no quedará ni la sombra de lo que ocurrió aquí. Rebeca y su hermana no habrán visto nada. Para ver a ese miserable, era mejor que no estuvieran. Magda, el pasado bueno o malo ya pasó. Pensemos, en el futuro. (SUENAN SIRENAS POLICIALES. SE ESCUCHAN GRITOS Y ORDENES) Yo tengo una alegría y una esperanza.

MAGDA: ¿Cuál alegría? ¿Cuál esperanza?

MARJORIE: (PERMANECE AL, CENTRO DE LA ESCENA MIRANDO FIJAMENTE HACIA ADELANTE). Mi hija no nacerá en cautiverio. Nacerá en libertad.


TELÓN.

2 comentarios:

Gonzalo dijo...

Estimado Fernando, nos hemos ganado un Fondart para publicar un libro del fotógrafo Fernando Opazo, sé que en Poemas Australes hay imágenes de este destacdo autor, que recuerdos tienes de ese tiempo y de su persona, saludos cordiales, Gonzalo Leiva Quijada

HIJOSDELROCKANDROLL dijo...

20 DE FEBRERO DEJA DE ESCRIBIR PARA SER INMORTAL ... RECIBO CON HONDA TRISTEZA ESTA NOTICIA , Y VAYA DESDE AQUI NUESTRO PESAME Y LOS SALUDOS DOLIDOS PARA TODA LA FAMILIA Y AMIGOS ....
PARA MI QUEDARA EN EL RECUERDO , ESE SER ESPECIAL , A QUIEN TUBE LA OPORTUNIDAD DE CONOCER .... LAMENTO LA PERDIDA , PERO LOS GOLPES QUE NOS DA LA VIDA , HAY QUE RESISTIRLOS , CON FORTALEZA Y MIRANDO AL FUTURO ...... NOS QUEDA SU LEGADO , SUS ESCRITOS , Y LOS MEJORES MOMENTOS ....
SALU2 , DESDE ESTA DISTANCIA ..... PERO SIENTANOS CERCANOS ....