lunes, 17 de marzo de 2008

FÁBULA DE RINOCERONTES


Cuando el rinoceronte con un golpe de Estado
Se apropió del poder
Entre varios de sus caprichos quiso demostrar

que su esposa poseía una gran cultura.

Dictó un decreto nombrándola

Directora Plenipotenciaria de Bellas Artes

y la envió con gastos pagados a visitar museos.

Después ella podría comprar en
las tiendas

para reponerse de tanta fatiga.

Contrató un profesor para que instruyera

a la flamante directora.

Luego de repasar varias veces las lecciones

la esposa del rinoceronte emprendió viaje

y quiso demostrar ante el guía museístico

los progresos que había conseguido.

Ante un óleo exclamó: Este es un Rubens.

El guía corrigió: -Es un Rembrandt.

Ante otro óleo afirmó: -Este es un Velázquez.

El guía rectificó: -Se trata de un Goya-

Por fin creyó reconocer de cerca

lo que vio desde lejos.

-Sin duda este óleo es un Picasso.

-Perdón, señora. Es un espejo.

No siempre la esposa de un dictador logra el objeto

para el cual se dictaron lecciones y decretos.


FERNANDO LAMBERG, 2007