miércoles, 16 de abril de 2008

AQUEL HOMBRE


Un hombre era tan pobre que sólo tenía una camisa rota
y tan inmensamente rico que su corazón albergaba a la América entera;
un hombre era tan débil que la muerte no combatió con él
y tan poderoso que su mensaje atravesó los siglos;
un hombre era tan viejo como el puñal traicionero que atravesaba su corazón
y tan joven como los infinitos sueños que guardaba;
un hombre no tenía donde caerse muerto en su ciudad
y estaba vivo en todas las montañas;
su cuerpo no tenía una gran estatura
y su alma llegaba más allá de las estrellas;
un hombre estaba muy enfermo
y su doctrina podía sanar los continentes;
un hombre murió asistido por unos pocos amigos
y revivió en los pueblos incontables;
un hombre rechazó la corona y el cetro
y a sus pies se rindieron las naciones;
un hombre se volvió esclavo del prójimo
y la libertad nació bajo su dominio;
un hombre amaba la paz
y fue el héroe colosal de las batallas;
un hombre amaba a Caracas
y le prohibieron regresar a ella;
un hombre pensó que había arado en el mar
y su semilla fecundó la tierra;
un hombre pensó que bajaba desarmado al sepulcro
y su espada camina por los caminos del mundo.

FERNANDO LAMBERG, 2008