jueves, 24 de abril de 2008

VICTOR JARA


Golpearon sus manos para que dejara de cantar.
Quebraron sus huesos para que dejara de cantar;
pero siguió cantando.
En el pasado los juglares llegaban a las plazas
y el público escuchaba las batallas,
la valentía indomable de los combatientes
y la traición de quienes
no soportaban el resplandor de las hazañas.
Luego el juglar volvía al camino
para entonar nuevas canciones.
Este hombre murió aferrado
a su pueblo y a su guitarra
era un juglar y un héroe.

FERNANDO LAMBERG, ABRIL DE 2008